martes, 13 de agosto de 2013

No supe a que se refería con eso.
— ¿A qué te refieres con eso? —Enarqué una ceja.
—No entenderías, tiene que explicártelo Anthony-Corriéndose hacía un lado, me dio paso hacía la ventana.
— ¿Qué pretendes que haga?—Dije con un hilo de voz.
—Que saltes por la ventana—Tranquilamente, se acerco a la ventana, señalándola.
Y yo simplemente reí fuertemente.
— ¿Esto es enserio?—Dije entre risas.
Lo oí susurrar algo como <<Es más difícil de lo que pensé>>.
—Bien, haré que entendí para que quiere que salte—Dije también acercándome cerca de él, a la ventana.
El agarro mi mano, tomándome por desprevenida. Me arrastro hasta estar en el borde de la ventana. Agarrándome por la cintura, saltó, llevándome con él.
Una sensación de caer al vacío corría por todo mi cuerpo y cerré los ojos fuertemente. Sin pasar un segundo los abrí, viendo que caía al suelo como desde un metro, lo cual no era nada.
Casi me desmayo, no estábamos en el frente de mi casa, estábamos un en un gran edificio, el cual parecía un almacén abandonada. Aquel chico desconocido se incorporó rápidamente, y me extendió la mano para levantarme. No podía moverme, estaba temblando, y además, asustada y sorprendida.
Recostada en el pasto que hacía que mis manos y piernas picaran, me levante sola, sin su ayuda.

—Esto no tiene explicación—Dije curvando mis labios en forma de “o”.
—Sí tiene explicación, la piedra luminosa, ahora vámonos— Dijo tomando mi mano guiándome hacía esa almacén.
Me deje guiar, aún no podía moverme por mi misma. Mis sentidos no respondía, miraba hacía todos y no conseguía explicación alguna.
—Anthony te explicará todo, es el jefe del lugar por así decirlo. — Explicaba mientras abría una gran puerta y una vez dentro, continuo— El nos dice que hacer para enseñar a los nuevos Vigilantes.
—Aún no sé que son los vigilantes— Dije al fin logrando el habla.
El no contesto, e hizo como si no hubiera dicho nada y solo lo hubiera pensado. Lo cual puede cierto.
Pasamos a un gran salón, con cuadros y grandes bibliotecas. En el centro tenía un gran sofá viejo y sucio, debajo, una alfombra muy bonita repleta de polvo. El suelo era de madera, que crujía cada vez que daba un paso. Saliendo de aquel recibidor, entramos por otra puerta. Ésta nos dirigió hacía un gran comedor. En su centro tenía una mesa, larga y vieja. Un candelabro iluminaba aquel lugar. Muebles llenos de vajilla rodeaban la mesa y una alfombra como la de el recibidor cubría el suelo de madera.

No sé a dónde nos dirigíamos, pero entramos en una gran sala, que supuse que era una “oficina”. Un escritorio impecablemente limpio se centraba en esa sala, detrás de este, se encontraba un hombre mayor, que revisaba su reloj. Levantó la vista hacía el chico que me acompañaba y luego a mí. Sonrío.

—Al fin llegas, Elizabeth. —Dijo sonriéndome.
—Tuvimos algunos problemas…—Dijo rodando los ojos.
—No hay problemas, estaban un poco atrasados y me estaba preocupando pero… ¡Ya están aquí! —Dijo mirando al joven que me acompañaba —Sonrío y prosiguió— Alex, llévala al Pabellón de Habitaciones.
Así supe que mi acompañante, se llamaba Alex. El me guío hacía lo que yo suponía que era “El pabellón de Habitaciones”. Entramos, el lugar tenía un largo pasillo que, a decir la verdad, era más moderno que aquel almacén viejo. A medida que iba recorriendo ese pasillo, pasaba por habitaciones numeradas: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12 y… 13. Saco una llave de su bolsillo, tenía una forma rara como de “x”, abrió la puerta y me introdujo dentro. La habitación era hermosa, a primera vista. Contra la pared de la derecha, había una gran cama; limpia y cómoda, seguramente.
Al lado, una mesa con una lámpara, que a su costado había una piedra, igual que la de Alex. La contemplé por unos segundos, era, como transparente y de forma irregular. Seguí observando,  la habitación contaba con un armario y un baño, o lo que yo suponía que era un baño. También había una biblioteca, donde podría guardar cosas. Que yo no tenía.
—Está será tu nueva habitación, y no te preocupes, alguien ya está empacando tus cosas—Dijo empujándome suavemente para que me introdujera más en la habitación.
—Pe-pero, yo no sé ni que está pasando—Dije tartamudeando, mientras me sentaba en la cama, apoyando mi pera en las palmas de mis manos.
—Te dije que Anthony te lo explicaría, en la hora de la cena—Dijo sentándose a mi lado, agarrando la piedra mientras comenzaba a hablar— Está piedra es la que yo use hoy, tiene varios poderes.
Estaba tan cerca de mí que sentía su respiración chocar contra mi cuello.
—Podrías decírmelos —Giré hacía él y continúe— Si no te es mucha molestia.
—Eso iba a hacer—Dijo rodando sus ojos.
Pude percibir que era un hombre frío, arrogante y que le gustaba hacer molestar a la gente. Causaba en mi ganas de golpearlo. Su actitud hacía que me estremeciera.

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