martes, 13 de agosto de 2013

—La piedra tiene diferentes funciones, ella percibe tus pensamientos y lo que desees hacer. Esta, se pone amarilla cuando deseas abrir un portal, obviamente, si no estás apuntando hacía una puerta o una ventana, no puedes abrir un portal. También, los portales son únicamente para aquí, es su único destino. El instituto. Y además no puede abrir portales de aquí a algún otro lugar. —Dijo eso último haciendo referencia a que yo me escaparía.
— ¿Estas insinuando que quiero escapar? —Dije enarcando una ceja.
—Posiblemente— Dijo mientras movía la piedra entre sus dedos y continuaba hablando—Se llama piedra luminosa.
Note algo raro, su mirada estaba perdida. Y no contenía ningún sentimiento. Me quede mirándolo fijamente a los ojos, transmitían algún tipo de paz, aun que, siquiera era su intención.
— ¿Qué tanto miras? —Enarcó una ceja y río—Ya, ya, te seguiré explicando luego de la cena.
Quede atónita ante su respuesta, mirando como él se retiraba de la habitación, mire aquella piedra y la tome. Brillo, iluminando aún más la habitación, junto con mi rostro.
Los rayos de escabullían por entre mis dedos, abrí mi palma, contemplando la piedra. Estaba tan sorprendida.
Y dejo de brillar, poniéndose de color rojo sangre.
Grité, sí, grité tan fuerte que Alex entro. Él entro tan rápidamente que pareciera que nunca se hubiera ido, o puede ser porque solamente pasaron 20 segundos…
Sorprendido me miro a los ojos, percibiendo mi miedo y luego a la piedra. Sus labios se curvaron en forma de “o”. Se acercó rápidamente y agarro la piedra.
Su cara rápidamente se transformo, estaba pálido como el papel. Se paro rápidamente y me agarro de la mano arrastrándome por el pasillo por el cual vinimos.
Siguió su camino hasta la oficina de Anthony, llevándome con él.
—Su piedra se puso roja—Dijo tragando saliva.
Anthony se transformo, igual que él, pálidos los dos.
—Enciérrala en su habitación, la guerra en el submundo está comenzando—Dijo recuperándose— Si la buscan a ella, es la salvación, Alex ¿Lo entiendes? —Se dirigió hacía Alex, preocupado.
— ¿Lo es ella? —Dijo Alex atónito.
Sin esperar una respuesta de Anthony, Alex me arrastro, otra vez, hacía mi habitación, cruzando aquel pasillo.
Al llegar en mi habitación la piedra estaba ya sin color.
— ¿Cómo que soy la salvación? —Pregunté rompiendo el silencio.
—Tú eres la que detendrá está guerra—Dijo sin importancia.
— ¿Qué guerra? —Pregunté, intrigada.
— ¿Podrías dejar de hacer tantas malditas preguntas? —Dijo Alex furioso.
Di un pequeño saltito por la sorpresa pero me incorpore rápidamente.
—No hacía falta ponerte tan furioso…—Dijo con un hilo de voz.
—Pues, no hacía falta que tú seas tan insoportable. —Dijo Alex.

ue re� � b �O` �-_ Levantó la vista hacía el chico que me acompañaba y luego a mí. Sonrío.

—Al fin llegas, Elizabeth. —Dijo sonriéndome.
—Tuvimos algunos problemas…—Dijo rodando los ojos.
—No hay problemas, estaban un poco atrasados y me estaba preocupando pero… ¡Ya están aquí! —Dijo mirando al joven que me acompañaba —Sonrío y prosiguió— Alex, llévala al Pabellón de Habitaciones.
Así supe que mi acompañante, se llamaba Alex. El me guío hacía lo que yo suponía que era “El pabellón de Habitaciones”. Entramos, el lugar tenía un largo pasillo que, a decir la verdad, era más moderno que aquel almacén viejo. A medida que iba recorriendo ese pasillo, pasaba por habitaciones numeradas: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12 y… 13. Saco una llave de su bolsillo, tenía una forma rara como de “x”, abrió la puerta y me introdujo dentro. La habitación era hermosa, a primera vista. Contra la pared de la derecha, había una gran cama; limpia y cómoda, seguramente.
Al lado, una mesa con una lámpara, que a su costado había una piedra, igual que la de Alex. La contemplé por unos segundos, era, como transparente y de forma irregular. Seguí observando,  la habitación contaba con un armario y un baño, o lo que yo suponía que era un baño. También había una biblioteca, donde podría guardar cosas. Que yo no tenía.
—Está será tu nueva habitación, y no te preocupes, alguien ya está empacando tus cosas—Dijo empujándome suavemente para que me introdujera más en la habitación.
—Pe-pero, yo no sé ni que está pasando—Dije tartamudeando, mientras me sentaba en la cama, apoyando mi pera en las palmas de mis manos.
—Te dije que Anthony te lo explicaría, en la hora de la cena—Dijo sentándose a mi lado, agarrando la piedra mientras comenzaba a hablar— Está piedra es la que yo use hoy, tiene varios poderes.
Estaba tan cerca de mí que sentía su respiración chocar contra mi cuello.
—Podrías decírmelos —Giré hacía él y continúe— Si no te es mucha molestia.
—Eso iba a hacer—Dijo rodando sus ojos.
Pude percibir que era un hombre frío, arrogante y que le gustaba hacer molestar a la gente. Causaba en mi ganas de golpearlo. Su actitud hacía que me estremeciera.

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