martes, 13 de agosto de 2013

1 Vigilantes

Desperté sobresaltada. Sentía que alguien clavaba su mirada en mí, como si un cazador contemplara a su objetivo antes de efectuar el horrible acto de matar. Lentamente me levanté, fijando mi mirada en una rápida sombra que pasó fuera de mi habitación. Es imposible que alguien esté aquí. Es mi imaginación. Sí, debe de serlo. Me levante detenidamente, observando mí alrededor. La ventana iluminaba un poco la habitación permitiéndome el paso, avancé algunos pasos hasta la puerta y mire hacía ambos lados, algo adormilada. Con un poco de esfuerzo, me puse en marcha y caminé hacía el baño. Las frías y suaves cerámicas rozaban mis pies haciendo que me estremeciera completamente. Abrí el grifo contemplando el agua caer. Mojé mis manos, rozándolas unas con otras y así lavarlas. Junté mis manos, en una forma en la cual se acumula el agua. Cuando el agua toco mi piel, un escalofrío recorrió mi cuerpo para luego convertirse en relajación absoluta. Me sentía más despierta, por lo tanto, más en alerta.

Sentí una respiración detrás de mí, asustada y sorprendida, me gire sobre mí misma. No había nada. <<Necesito comer algo>> Pensé. Volví mi cabeza al frente, chocando con un atractivo chico de cabello marrón como el café y unos ojos grises, que no mostraban sentimiento alguno. Su mirada era imponente y transmitía una frialdad escalofriante.
Con un grito ahogado, intenté moverme de alguna forma pero él me lo impidió agarrándome de la muñeca. Tiro de ella hasta quedar de espaldas a él y tapó mi boca. Grite, patalee y hasta intente morderlo pero nada de eso parecía afectarle.
—Deja de moverte, Elizabeth. —dijo amargamente.
— ¿Cómo sabes mi nombre? — Pregunte tratando de zafarme de su agarre.
—Si te quedas quieta, responderé a todas tus preguntas. —Dijo sentándome en mi cama. Deshecha pero mullida, mientras revolvía sus bolsillos en busca de quien sabe que.
Pensé en salir corriendo pero era algo imposible. Por eso mismo, me quede sentada, contemplando algo que sacaba de su bolsillo.
Sus manos ahora sostenían una piedra, envolviéndola con su palma, estiro su brazo en dirección a la ventana. La ventana estaba bordeada por una madera antigua, que acompañaba a la casa perfectamente. La piedra comenzó a brillar, causando que unos rayos de luz se escapen de entre sus dedos e iluminen la habitación. Cerré mis ojos fuertemente, por la fuerte luz que emitía aquella cosa. Ésta dejo de brillar de un segundo al otro y la habitación quedo con su luz natural. Finalizado eso, guardo su piedra en sus bolsillos y giro hacía mí.
—Vamos. —Dijo agarrándome delicadamente de mi brazo.
Chillé y me solté.
—No iré a ningún lado contigo. —le espete a aquel chico desconocido para mí.
Río entre dientes y me agarro atrayéndome cerca de él, quedando cara a cara.
—No soy el tipo de chico que crees, vendrás conmigo, quieras o no—Susurro chocando nuestras respiraciones.
Al tenerlo tan cerca, pude contemplarlo mejor, sus ojos grises era una mezcla de amarillenta acercándose al iris y tez blanca, suave como la seda. Seguía con esa mirada intimidante y totalmente arrogante.
—Pero… — Vacilé un momento y proseguí— ¿Qué eres?
—Que somos, mejor dicho. — Me corrigió y continúo— Somos vigilantes.

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