martes, 13 de agosto de 2013

2 La batalla del Submundo

Todos se miraron entre sí, y solo algunos de la mesa entendieron, que eran los tutores.
—Bueno, supongo que tendré que contar toda la historia —Sentándose, prosiguió— Hace muchísimos años, el planeta tierra fue creado por unos seres llamados subphe. Estos viven en el submundo, es decir, el inframundo. Vivieron en paz con los otros seres del submundo, pero por alguna razón desconocida para nosotros, iniciaron una batalla, para recuperar el mundo que alguna vez fue suyo, luego de ese incidente, decidieron parar esa guerra. Luego de esa guerra, la era de la vida inundo la tierra. Y ahí nacimos nosotros, con sangre de vigilantes, hechos para detener a cualquier subphe o ser del submundo que pase a nuestra tierra. Estos últimos días, los subphe se aliaron con los otros seres de allí abajo, para combatir a todos nosotros. Nos quieren despedazar como si no fuéramos nada. —Tomo un poco de agua para poder continuar. —Ustedes se preguntaran, porque son 13 nuevos, bueno, siempre elegimos a 13 vigilantes perdidos por el mundo que no saben lo que son. Pero, este años paso algo diferente, de entre esos 13, una persona de ellos, es diferente, no es un vigilante normal, tiene el poder de crear una gran revolución, es la gran Salvación.

Casi escupo mi agua, yo era la salvación, lo escuche cuando se lo dijo a Alex, no sabía quién realmente era ahora mismo. Siempre fui una joven independiente, estaba un año ya viviendo sola en mi departamento y ahora descubro que soy un ser vigilante y soy la salvación de los humanos. Era demasiado para mí, me levante y salí corriendo, sabía el camino de allí hacía el pabellón, iba corriendo por el pasillo hasta que alguien me agarra del brazo. Alex.

—No puede huir de los problemas—Me espetó Alex, acercándome a él.
—Si puedo, y quiero volver ahora mismo a mi casa—Le dije zafándome de su agarre.
—No puedes volver a casa. —Explico fríamente.
— ¿Y qué pasa con mi Padre y mi Madre? — Pregunté atónita.
—Ellos no lo saben, te secuestramos—Dijo sarcásticamente— Claro que si lo saben. ¿No es obvio?
Lo miré a los ojos. Buscaba al menos un poco de paz, la cual él me transmitía.
Siempre cuando mi madre me decía alguna mala noticia, me abrazaba, por ejemplo; cuando murió mi abuelo. Ese día me sentía fatal, al recibir la noticia ella me abrazo y a través de sus ojos conseguí la paz. Siempre veía algo raro en ellos, parecían ojos de ángeles.
Pero hoy acabo de notar, que sus ojos son idénticos a los de Alex; grises con un tono amarillento llegando al iris.
Quisiera saber que opina mi madre sobre que unos seres sobrenaturales me secuestren.
—Seguramente quieres saber cómo tu madre accedió a que te llevemos con nosotros. —Dijo como si adivinara lo que pensaba— Tu madre es una Guardiana. Es lo mismo que los Vigilantes, pero con mayor poder y habilidad. Ella, al estar con un ser humano, o sea, tu padre. Nació un vigilante, es decir, tú. —Explico mientras me miraba a los ojos.
—Supongo que debo creerte—Dije en tono resignado.
—Necesito enseñarte más de la piedra, te va a servir para poder salir a las calle sin correr peligro—Mientras caminaba hacía la habitación 13, en otras palabras, mi habitación, un atractivo joven salía de la habitación 5, haciendo un saludo típico de hombres con Alex.
Parecían como mejores amigos. Se reían y conversaban avanzando hacía mi habitación. Los seguí con la mirada, mientras avanzaba.
Recorrí el gran pasillo y al fin llegué a mi pequeña habitación.
—Elizabeth, él es Jade, es como mi hermano. —Dijo hacía mi, señalando a su amigo.
—Mucho gusto, Jade. —Sonreí hacía él.
—Igualmente, Elizabeth—Me devolvió la sonrisa.
Supuse que el también era un tutor junto con Alex.
Jade se retiró de mi habitación yendo hacía el comedor donde los demás seguían cenando, no sin antes saludar a Alex y luego a mí. Alex se sentó en mi cama, golpeando a un costado de él, para que me sentara. Y lo hice.
—Comenzare explicándote, mm, el color rojo. —Dijo mirando la piedra que sostenía en sus manos. —Comenzará a ponerse de ese color cuando corras peligros, cuando alguien del submundo te está buscando. Solo sucede con esos seres. Recuerda que si te pasa, debes avisar a un tutor. —Explico acariciando la piedra con la yema de sus dedos.
—Aja—Asentí mirando aquella piedra extremadamente extraña.
—Cuando está violeta, es porque un ser del submundo está en la superficie y cerca de ti. Detecta subphes y otros seres a una gran distancia. Al verlos los distinguirás muy fácilmente, sus ojos son violetas, justamente el color que se torna la piedra.
— ¿Pero, su cuerpo es humano? —Pregunte, curiosa.
—Todo de ellos es humano, excepto sus ojos—Concluyó Alex.
—Bueno, supongo que todo esto me servirá cuando un subphe me ataque. —Dije sarcástica.
Alex rodó los ojos y se levantó de la cama. A punto de retirarse de la habitación, lo detuve.

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